Creamos este blog, con la intención de publicar en él, y de manera exclusiva, la mayor cantidad de información acerca de Armando Reverón y de Juanita, su compañera, su modelo, el personaje más imprescindible y necesario en la vida del artista durante 36 años.


También hablaremos de los amigos verdaderos de Reverón, quienes lo respetaban y lo valoraban debidamente como hombre y como creador. Y, asimismo, trataremos de incluir en el blog, una buena cantidad de artículos de prensa sobre su persona y su obra; como también mencionaremos las películas documentales que le realizaron Roberto Lucca, Edgar Anzola y Margot Benacerraf. Y, desde luego, señalaremos, también, otras películas acerca del artista, llevadas a cabo años después de su fallecimiento.


Es obvio que no olvidaremos nombrar a quienes, en distintas épocas, tomaron muchas y excelentes fotografías del Castillete, de sus habitantes, de sus vecinos y de quienes iban de visita a ese lugar privilegiado de Macuto. Hoy desaparecido por la acción del deslave ocurrido a finales de 1999, y que ahora se ha convertido en un testimonio cierto, patético, de la falta de interés de las Instituciones Culturales del Estado, por recuperar esa arquitectura de gran importancia para el arte nacional.


Tenemos la certeza de que al reunir en este blog, la mayor cantidad de información sobre Armando Reverón, sus obras, su familia, sus amigos, su entorno, y muchas cosas más, será de mucha ayuda para los estudiantes, para los artistas, para los investigadores, y para el público en general, que desean tener más conocimiento de quien, en aquel Castillete cercano al mar del litoral central, creó una obra extraordinaria y absolutamente personal. El, Reverón, “unido al aire de sal, quemado de luces y de soles, encandilado por la blanca brasa del mar,” como así lo dijo su amigo el escritor Guillermo Meneses.


sábado, 7 de enero de 2012

EL VERDADERO REVERON, SEGUN LUIS RAWLINSON

Napoleón Pisani Pardi


    Esta entrevista al pintor Luis Rawlinson, ya fallecido, se llevó a cabo en Macuto en 1977, y fue publicada en el Suplemento Cultural del diario Últimas Noticias, el día domingo 5 de junio de ese mismo año.

    Luis Rawlinson es un pintor que nació en Cumaná en 1922 y el Director del Taller de Arte Armando Reverón situado en Macuto.
    “En el año 1942 – nos dice Rawlinson –, cuando yo era estudiante en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, conocí a Reverón. El era un hombre culto, pero sumamente introvertido. Si Armando averiguaba que también uno era artista, entonces conversaba amenamente. Cuando me casé, pocos años después de haber egresado de la Escuela, llevé a mi esposa al Castillete y Reverón, viéndola embarazada, dijo: ¡Qué barriga tan bonita!, y la colocó para que posara y la dibujó en carboncillo… Yo no le pedí ese cuadro, ni ninguno otro. A veces veía cómo la gente de Caracas lo saqueaba, llevándole las obras o comprándoselas súper baratas. Yo no quise nunca tener en mi conciencia el haber robado o estafado a quien tenía como amigo, o haberme aprovechado de su bondad.
    En 1949 Luis Rawlinson, en compañía de varios artistas, funda el Taller Libre de Arte del Litoral. En ese mismo año se organiza una exposición de los trabajos de sus integrantes y de las obras de algunos de los componentes del Taller Libre de Arte de Caracas. Esa exhibición se llevó a cabo con un carácter benéfico: “El Comité Pro-Auxilio a los Damnificados del Ecuador del Departamento Vargas, hace llegar su más sentido mensaje de gratitud al llamado que hiciera eco en todas aquellas personas que prestaron su aporte artístico en esta primera exposición de artes plásticas que, con carácter benéfico, se realiza en estos Salones, y a todos esos dinámicos y optimistas muchachos que con todo empeño y ahínco se dieron a la ardua y difícil tarea de su organización; y que hoy día, ya una realidad, se agrupan, trabajan, discuten y luchan en silencio hacía una vida mejor, intensa y más facunda con el nombre sonoro de: Taller Libre de Arte del Litoral”.


    A la lucha de Rawlinson se debe la restauración del Castillete de Las Quince Letras, el cual se inauguró, convertido en Museo Armando Reverón, el 16 de junio de 1974. Luis siempre ha mantenido una actitud en favor de la divulgación de la vida y la obra de este insigne maestro de la pintura venezolana. Ese comportamiento lo ha llevado a convertirse en una de las figuras que mejor conoce los trabajos del pintor, que, como dijera Juan Liscano, “proyectó las imágenes de su interioridad sobre el mundo”. Por este motivo, por ser un perito o avezado reveroniano, en cierta oportunidad un coleccionista le llevó a su casa una carpeta repleta de dibujos de Reverón para que los examinara. Al terminar de verlos, Rawlinson le dijo al dueño de aquellos dibujos que él dudaba de la autenticidad de los mismos, pero, que para estar más seguro de su fallo, se los llevaría a Hans Neuman, a Pedro Angel González, a Miguel Arroyo y Alfredo Boulton, para que ellos, expertos en todo los relacionado con el que hacer plástico, dieran, también, su veredicto. Finalizada la inspección de aquellos dibujos, los personajes mencionados llegaron a la conclusión de que eran falsos…
    “A Reverón – dice Rawlinson – lo han falsificado y plagiado muchos artistas inescrupulosos, le han inventado historias absurdas, y hasta le han cambiado la fecha de su nacimiento. En el Cementerio General del Sur, donde reposan sus restos, está errada la inscripción de su lápida que indica el día y el mes en que nació. Allí dice: “El pintor Armando Reverón nació en Caracas el 12 de junio de 1889 y murió el 18 de septiembre de 1954”. Cuando en realidad, la fecha de su natalicio es el 10 de mayo de ese año. Los Organismos del Estado, a los cuales les compete este tipo de cosas, deberían de intervenir para corregir ese desacierto tan lamentable. De Armando se ha dicho que era un hombre primitivo e inculto. Nada más disparatado, y acomodaticio. Reverón fue un artista que provenía de una familia de muy buena posición social, un individuo que estudió, no sólo en la Academia de Bellas Artes de caracas, sino, también, en la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes de Barcelona, y en la Academia de San Fernando de Madrid, España. Así que esas aseveraciones nada tienen que ver con la verdad”.

Lápida de la tumba de Armando Reverón, en el Cementerio General del
Sur, donde se ve que ya han corregido el error de la fecha de nacimiento
del artista. Foto cortesía del pintor Luis Acosta Cáceres.

    Luis Rawlinson es un ser que posee muchas anécdotas sobre la vida de Armando Reverón, una de ellas, la cual retrata fielmente el temperamento del artista, es la siguiente: “Una vez se presentaron unas señoritas que venían de Caracas al Castillete. Reverón, que era gran aficionado al teatro, les hizo algunas escenas muy graciosas y mordaces junto con su mono Pancho. A este animal lo vistió de torero, y él, haciendo de toro, jugaron largo rato a la fiesta brava. Luego disfrazó a pancho de pintor y le dio unos pinceles para que realizara un cuadro abstracto, cuando el mono terminó de trabajar, Reverón aplaudió y gritó eufóricamente, después recogió los pinceles, guardó la tela y se sentó a conversar con las visitas. Una de estas señoritas le dijo: Armando nosotras venimos de Caracas a verte pintar. A lo que contestó irónicamente el genial habitante del Castillete: ¡Guá! ¿Y ustedes no venían a ver pintar a un mono?”.


    Y disfrutando de esta buena anécdota que nos contara Luis Rawlinson, nos alejamos de su taller de Macuto, de su presencia grata y avasallante. Llevándonos su imagen de profeta: Cabellera larga y barba abundante, blancas, como eran las del propio Armando Reverón.

REVERON Y SUS DUENDES DIABOLICOS

Napoleón Pisani Pardi


    El primero de enero de 1978, publicamos un largo artículo en la revista ELITE, del cual tomaremos partes de su contenido. De esta manera, el blog continúa con la necesaria tarea de divulgar, con el mayor respeto a la verdad histórica, y de manera sencilla, parte de la vida y la obra del gran artista venezolano Armando Reverón.

    Con una exposición titulada La Luz en la obra de Reverón. El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas está celebrando la ampliación de sus numerosas actividades. Esta exposición, la cual reúne los tres períodos plásticos del artista: el azul, el blanco y el sepia, en los cuales el pintor manifestó su tan personal manera de expresar el paisaje de nuestro litoral central, es una de las más importantes que se la han organizado al otrora habitante del Castillete de Las Quince Letras.
    Esta nueva etapa del Museo de Arte Contemporáneo ha sido posible gracias a una feliz idea del Dr. Guillermo Antonini, Presidente de CADAFE, el cual se dirigió a la señora Sofía Imber de Rangel, Directora del Museo acabado de mencionar, para pedirle su colaboración en la coordinación de las actividades de esta sala de exposiciones. Este ejemplo se sensatez por parte del Presidente de esta empresa nacional de energía eléctrica, debería ser imitado por algunas instituciones, privadas y oficiales, que tienen sus galerías de arte, con el fin de evitar el deprimente espectáculo de las exhibiciones artísticas, de pésima calidad, que frecuentemente organizan. Estas galerías promiscuas, que en nada contribuyen para la buena difusión de las artes plásticas, sino que, por el contrario, sólo sirven para promover lo peor y lo más cursi que realizan algunas personas que tratan de pasar como artistas. Es una verdadera lástima que estas empresas estén desperdiciando, tiempo y dinero, manteniendo a estas “galerías de arte” que en nada cooperan para incrementar y solidificar la cultura en el país.


    El Instituto Nacional de Hipódromos, el INCE, el Banco Nacional de Descuento, la CANTV y SEARS de Venezuela, para mencionar una pequeña parte de las instituciones particulares y oficiales que poseen sus salas de exposiciones, deberían solicitar la ayuda y el asesoramiento de la Galería de Arte Nacional, del Museo de Bellas Artes o del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, para de esta forma mejorar las programaciones de sus actividades culturales. Y podemos asegurarles que así contribuirán a fortalecer el ambiente del arte y la cultura nacional, y, también, a mejorar sus respectivas imágenes institucionales.
    Armando Reverón, el pintor más auténtico y extraordinario que ha dado la historia de las artes plásticas en Venezuela, y al que actualmente se le rinde homenaje al inaugurar una buena galería con una exposición se sus obras, fue un hombre sobre quien la leyenda ha tejido innumerables historias. Ningún personaje más tentador para fabricarle toda clase de fábulas, que en realidad tienen menos atractivo que su vida real. Pueda que el propio Reverón haya sido el principal propiciador para que se crearan tantas especulaciones en torno a su figura. No es de extrañar que ese constructor de un mundo tan particular y extravagante como el suyo, se hubiera deleitado con el estupor y el asombro que producía en los demás sus excentricidades, sus grandes capacidades histriónicas, y esa delirante y maravillosa escenografía que ocupaba todos los espacios de su casa-taller.
    Frente a los turistas, nacionales y extranjeros, que solían visitar el Castillete, Reverón hacía el papel del pintor salvaje junto con sus monos y su inseparable Juanita. Para él, aquella farsa era una forma de diversión, una manera de burlarse de la mentalidad de aquellos ingenuos buscadores de un Gauguin sudamericano por las playas cercanas a Caracas.
    “Armando Reverón era un genio – así lo dijo el escritor Guillermo Meneses –. Su trabajo hizo avanzar la pintura venezolana hasta los terrenos de la más pura autenticidad. Dentro del grupo de los que junto con él iniciaron la juventud, su paso personal fue de guía y en un gesto llevó hasta el límite máximo la demostración de lo que en verdad es la pintura cuando se la ejerce como trascendental afirmación del hombre”.


    Cuando a Reverón lo fueron a buscar Manuel Cabré y Armando Planchart, para llevarlo al Sanatorio San Jorge, él se despidió de Juanita con estas palabras: “Juanita, este rancho es tuyo, me casé contigo porque quiero que todo esto te quede a ti. Pon el rancho de pies a cabeza, si así lo deseas. No te preocupes por mí. Yo creo que no voy a volver más”. Con estos términos se alejó Reverón de su Juanita y de su fortaleza de Las Quince Letras, en donde el artista logró producir lo mejor de su arte, y producir, también, los diabólicos duendes que poco a poco le fueron robando la razón.
    Un poco antes de finalizar el año setenta y siete, un incendio consumió una parte del Castillete de Macuto, parte de ese mundo mágico que Reverón construyera como una especie de escenografía para ser utilizada en la representación de una obra de teatro sin final. Muchas de esas piezas maravillosas se perdieron en ese accidente desastroso. Puede que hayan sido los mismos diabólicos duendes que le quebraran la razón al solitario de Macuto, y los que también le impidieron a Juanita, muerta hace pocos años, que viera convertido en Museo al Castillete donde ella, junto al pintor, vivieron, se amaron, se compenetraron y crearon un mundo extraordinario y amoldado a sus particularísimas necesidades espirituales.

viernes, 14 de octubre de 2011

UN HOTEL PARA ANULAR EL MUSEO REVERON

Napoleón Pisani Pardi

Maquinaria trabajando en el acondicionamiento del terreno
donde se construirá el edificio.

    El día sábado 22 de abril de 1978, publicamos un artículo en el Suplemento Cultural del diario Ultimas Noticias, bajo el título de Un hotel para anular el Museo Reverón, donde expresábamos nuestro malestar acerca de la construcción de un gran edificio en la entrada del callejón que da hacia donde se encontraba el Castillete de Armando Reverón. En ese espacio había una hermosa y espaciosa casa de finales del siglo XIX, que Diego Arria le había prometido conservar, a los vecinos de Las Quince Letras, para convertirla en Centro Cultural.
    Luego de publicado ese artículo en Ultimas Noticias, pudimos recabar más de mil ochocientas firmas entre los habitantes de Macuto, Maiquetía y La Guaira, para tratar de paralizar los trabajos de acondicionamiento del terreno para la construcción del edificio. Todas esas firmas, colocadas al final de un texto donde se exponía las razones del desacuerdo de la comunidad acerca de la construcción de aquel edificio, se las entregamos al periodista José Abinadé, director, para entonces, del Suplemento Cultural. El publicó parte de aquellas firmas en el diario Ultimas Noticias, haciendo la aclaratoria de que habían muchas más firmas en reserva.


    En ningún momento pensamos que estas líneas puedan servir para echar atrás la edificación monstruosa que servirá para anular el Museo Reverón. Ya todo está conforme y dentro de los reglamentos previstos en la ley. Las máquinas y los obreros han comenzado a acondicionar el terreno en donde crecerá la mole de concreto, el centro turístico del litoral central, el albergue para los miles de visitantes al país que no conocerán, pues no han venido para eso, a la casa de piedra de Las Quince Letras. A través de estas cuartillas sólo pretendemos drenar nuestra aflicción y nuestra cólera, por ese otro atentado contra la cultura nacional.
    En la Gaceta Municipal de fecha 8 de octubre de 1964, diez años antes de la inauguración del Museo Nacional Armando Reverón, dice, en el artículo 2, lo siguiente: “Se acuerda cumplir los trámites necesarios para la adquisición del referido inmueble, y de los que fueran necesarios para ampliar la sede del Museo”. Tomando en consideración este artículo aparecido en esa Gaceta, el actual director del Museo Reverón, el arquitecto José Luis Garrido, realizó un plan de actividades del Museo, del cual tomaremos algunos párrafos: “El Museo Reverón de La Guaira tiene una gran importancia para el resguardo de la memoria cultural del venezolano, en la medida en que está ubicado en la casa construida por el maestro Reverón, y donde desarrolló una de las etapas más fructífera de su trabajo creador. Sin embargo, esta casa no ha sido hasta ahora administrada con criterio de difusión cultural, ni de centro educativo en relación a la obra de Reverón. Ha privado, hasta ahora, un puro criterio conservacionista de los útiles, objetos y muebles, utilizados por el pintor. Nuestro proyecto de actividades se orientará básicamente a convertir ese espacio histórico en un verdadero centro de animación cultural. Adquisición por compra o arrendamiento de casa o local en la zona adyacente al Museo Reverón para cumplir con los siguientes objetivos:

a)    Creación de espacio de oficinas.
b)    Creación de espacios para salas de exposiciones.
c)    Creación de espacio para depósito de obras de arte.
d)    Creación de espacio cultural para actividades múltiples:
        conferencias, conciertos, teatro, cine y taller de plástica”.

Un aspecto del Caney, donde se puede apreciar su deterioro.

    Indudablemente que todas estas excelentes intenciones ahora no pueden hacerse realidad, puesto que el único espacio disponible ya fue tomado por los dueños del hotel en construcción, quienes, suponemos, pensaran lo bueno que sería convertir en discoteca o en “night club” la casa de ese viejo loco que se llamaba Armando Reverón.
    Desde el mismo instante de su creación, este Museo ha tenido una suerte fatal, pareciera que los diabólicos duendes que le arrebataron la razón al antiguo habitante del Castillete, continuaran rondando cada parte del mundo fabuloso que nos dejara Reverón. Durante los cuatro años y medio que permaneció Alirio Oramas, el director fundador del Museo, al frente de esta institución cultural, no encontró el apoyo suficiente del INCIBA, ahora CONAC, para llevar a cabo una mejor organización y proyección de este lugar tan venerado por todos los reveronianos del país. En unas declaraciones que recientemente diera Oramas a la prensa, dijo lo siguiente: “El proyecto original contemplaba conservar el ambiente del taller del genial pintor, pero con la condición de tener un edificio anexo, preparado como un auténtico museo moderno, es decir, con todos los adelantos técnicos y artísticos para que sirviera de sala de exposición permanente de las obras de Reverón, pues, claro está, no puede existir un museo sin pinturas. Terminado ese edificio, los cuadros y demás obras del fallecido pintor, nos vendrían del Bellas Artes y de colecciones particulares, pero nada de eso se logró. El edificio jamás fue construido y el Museo Nacional Armando Reverón, no pasó de ser una simple idea barajada por algunos entre whisky y whisky en cocteles propiciatorios para la charla inconsistente y cursi”.
    Como si no fuera suficiente estas desatenciones por parte de los organismos culturales del país, los cuales están en la obligación de cuidar y promover los valores que integran el patrimonio artístico de la nación, un incendio, ocurrido el 31 de diciembre del año pasado, destruye una parte del Castillete de Macuto. El fuego, la rapiña, la desidia, la burocracia y la demagogia, son, también, enemigos del viejo maestro de la luz. Todos estos elementos negativos han impedido que se lleve a cabo una programación que sirva para resguardar y proyectar, adecuadamente, la obra del mejor artista plástico que ha dado nuestra historia: Reverón, quien con sus manos, buenas para crear los objetos más extraordinarios y hermosos, y buenas para ejercer los oficios más rudimentarios y pesados, construyó su fortaleza frente al mar, para allí trabajar y albergar su obra portentosa.


    El próximo 10 de mayo se cumplen 89 años del nacimiento de Armando Reverón, una buena oportunidad para celebrar, con gran alegría y devoción, esta fecha tan significativa para el arte nacional. Un motivo excelente para ir a visitar las ruinas del Museo de Las Quince Letras, y para ir a contemplar, con verdadero beneplácito, el movimiento de tierra que hacen los tractores en el terreno donde se construirá el famoso hotel que, en honor al pintor, debería llevar su nombre. Los primeros “chicharrones” en ir a celebrar tan magna fecha en Macuto, serán: Diego Arria, el cual les prometió a los vecinos del Museo, convertir en Centro Cultural la casa que fue demolida, y que estaba en el lugar donde ahora se acondiciona el terreno para construir el hotel; Luis García Morales, con su grupo de ejecutivos de la cultura, quien dirá unas bellísimas palabras sobre la vida y la obra de Reverón; Alirio Oramas y José Luis Garrido, echando cada uno el cuento acerca de sus desafortunadas experiencias como directores del Museo; el Prefecto del Departamento Vargas, explicándole a los presentes que el desarrollo de la economía hotelera, en el litoral central, es de fundamental importancia para el intercambio artístico con otros países; el Gobernador Manuel Mantilla, informándole a los periodistas que para el año 1985, estará terminado un enorme complejo turístico en Naiguatá, que se llamará Juanita Reverón, en honor, por supuesto, de la abnegada compañera del pintor ya fallecido. Sí señor, el 10 de mayo estaremos en Macuto todos los que nos preocupamos por el acontecer artístico de Venezuela, como un sólido y vigoroso bloque humano, para rendirle culto a la memoria del solitario habitante de la casa de piedra, al maestro, sin rival, de la luz tropical, al mago genial de la forma y el color, al zurdo maravilloso que creaba como Dios, etc., etc., etc., quien, en compañía de Juanita y del mono Pancho, estarán, con sus presencias transparentes, ese día en el Castillete de Macuto, para sonreír, con ironía, al contemplar la manera de poner a funcionar, una vez más, la eficaz maquinaria de la principal institución cultural del Estado.

domingo, 18 de septiembre de 2011

GIO PONTI, ARMANDO REVERON Y CRISTINA GOMEZ

Napoleón Pisani Pardi


    Tres personajes que, por distintos hechos, razones y casualidades, se relacionan entre sí.

    El libro titulado: Cristina Gómez, maracayera, escrito por Germán Fleitas Núñez, y patrocinado por la Gobernación del Estado Aragua en el año 2003, es una publicación parecida a un álbum familiar, con muchísimas fotos, anécdotas, postales, y donde, además, hay dibujos, pinturas, poemas, pensamientos, partituras, y otras obras de arte, obsequiadas y autografiadas por sus autores, a esta hija del general Juan Vicente Gómez.
    Obras de Tito Salas, ALFA, Leoncio Martínez (Leo), Francisco Narváez, Tomás Golding, Pedro Elías Gutiérrez, Rafael Monasterios, Moisés Moleiro, Gregorio García, Berta Singerman, Mangoré, Eloy G. González, Antonio Muñoz Tebar, Raúl Santana, Chicharro Gamo, Eduardo Francis, Manuel Cabré, Armando Reverón, y otros más, ilustran este interesante libro, donde se narran, también, algunos episodios de la cotidianidad social, y de la historia contemporánea del país, que, de manera descarnada, retratan los aspectos menos favorecedores de la condición humana de ciertos personajes de la sociedad venezolana.
    Ahora bien, en este blog hemos publicado varios trabajos sobre Armando Reverón, como también hemos publicado una caricatura del poeta Domínguez Rivodó, realizada por Reverón, una faceta muy poco conocida del pintor, que nos pareció interesante y necesario dar a conocer. Como ahora hacemos con el dibujo que Reverón le obsequiara a la hija de Gómez en 1931, el cual aparece en el libro ya mencionado, de edición y circulación limitadas, desafortunadamente, pues es una publicación que tiene un contenido sumamente interesante, y merece, por lo tanto, una mayor divulgación. 

Croquis del Castillete, realizado por el arquitecto italiano
Gio Ponti, en 1954.

    Asimismo, y por ser poco publicitado, insertamos en este pequeño texto, el croquis realizado por el arquitecto italiano Gio Ponti en 1954, donde él señala todos los espacios que tenía el Castillete de Macuto, y que junto con algunas fotografías de Grazziano Gasparini, y un magnífico escrito acerca de Reverón, Ponti publica en la revista DOMUS Nº 296, en julio del mismo año. Menos de dos meses antes de morir el pintor.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

UNA CARICATURA DE DOMINGUEZ RIVODO, REALIZADA POR ARMANDO REVERON

Napoleón Pisani Pardi

 

    Carlos Alberto Domínguez Rivodó, nació en La Guaira el 1º de septiembre de 1900, y murió en Caracas en mayo de 1961. A comienzo de los años veinte,  publica sus primeros poemas en el diario El Universal, y luego en los periódicos El Nuevo Diario, El Heraldo, Ahora, La Esfera y La Religión. También publica sus poemas en las revistas Elite, Billiken, Páginas, y otras más.
    En 1998, y a manera de homenaje, sus hijos María Antonieta Domínguez de Capriles y Carlos Domínguez de Veer, le publican una obra póstuma, bajo el título de El Minuto de Oro, que contiene más de cien poemas, y donde en la portada del libro aparece una caricatura suya realizada por el pintor Armando Reverón, quien fue su amigo.
    En el Prólogo del libro El Minuto de Oro, de Domínguez Rivodó, su hijo Carlos dice lo siguiente: “El don de la poesía le vino a mi padre por herencia, por los Rivodó: Ermelindo Rivodó, su abuelo, fue notable poeta y escritor guaireño al igual que su hermano Baldomero Rivodó, que fue también célebre filólogo, colaboradores ambos de El Cojo Ilustrado. También su tío Enrique Rivodó, quien fuera el viejo y recordado Cronista de la Guaira”.
    Con este pequeño texto acerca del libro El Minuto de Oro de Domínguez Rivodó, tratamos de dar a conocer esta excelente obra póstuma del poeta, así, como también, otra faceta muy poco conocida de Armando Reverón: la de caricaturista.

martes, 23 de agosto de 2011

LA OBRA DE ARMANDO REVERON

Napoleón Pisani Pardi

    Reverón fue un precursor del Pot-Art y del Arte Povera, mucho antes de que hicieran su aparición estos movimientos de vanguardia en otros países.











    Entre 1918 y 1923, Reverón  lleva a cabo una obra en la que predominan los tonos azules, La Cueva, pintada en Caracas, es la obra más característica de aquel período. La Trinitaria, Figura bajo un Uvero, Procesión de la Virgen en El Valle y Fiesta en Caraballeda, son otros trabajos que pertenecen al Período Azul, y en las que se pueden apreciar ciertas influencias de los pintores Samys Mützner, Emilio Boggio y Nicolás Ferdinandov. 
    Este Período Azul llegó a su fin, cuando la luz del litoral central modifica su visión del paisaje, y empieza a realizar la obra más significativa y personal de la plástica nacional, la que se conoce como su Período Blanco, donde él descubre que la fuerza de nuestra luz tropical disuelve las formas del paisaje en una atmósfera desprovista de las potencias estéticas del color.

La Enramada.

Uveros.


 








La Cueva.

Los Baños de Macuto.


   








    Reverón llegó a esa conclusión, única y universal, allá en Macuto, dentro de su Castillete cercano a Las Quince Letras, donde realizó un trabajo que se manifestaba al ritmo de sus necesidades anímicas, y que algunas veces lo inducían a ser impresionista, expresionista, gestual, y a reivindicar al objeto de uso utilitario, en el acto maravilloso de convertirlo en pieza de arte, como más tarde lo hicieron algunos artistas estadounidenses. Así que Reverón fue un precursor del Pot-Art, porque esos objetos, que ocupaban un espacio esencial en aquella instalación que crecía, que era viva, donde existía una gran unidad en esa extraordinaria arquitectura de piedra, son verdaderas obras de arte, tan valiosas como sus dibujos y sus pinturas, y no simples objetos que adornaban la casa-taller del artista. Esas piezas son una opción estética, son trascendentes y extremadamente hermosas y necesarias dentro de aquel lugar que era una inagotable fuente de inspiración y sabiduría.
    Y esa fuente de inspiración y sabiduría lo llevó a ser precursor, también, del Arte Povera, pues utilizó en sus creaciones una serie de elementos encontrados en los desechos de la naturaleza, y hasta en la basura, “donde sale también la luz” como se lo dijo al periodista Oscar Yanes, pocos meses antes de morir.
    Al final del año 37 comienza a suceder un cambio en su pintura, se inicia el Período Sepia. Las telas de esa época, que eran usadas para ensacar café, eran las que Reverón prefería utilizar para crear. Muchas veces esas telas no fueron cubiertas totalmente con la mezcla que usualmente se le aplica a ese tipo de soportes para hacerlas aptas para pintar. Debido a esa “imperfecta” preparación, aparecían espacios ocres en aquellas telas de coleto, que Reverón usaba como un color más en las elaboraciones de esa época, como en La Maja Criolla, Gran Desnudo Acostado, La Dama de la Mantilla y El Playón.  

Desnudo Acostado.
Autorretrato.












    El papel de envolver, o papel de estraza, también fue empleado por el artista durante el Período Sepia. Ese soporte, muy fácil de obtener, lo trabajó con las técnicas del temple y el gouache, sin importarle la fragilidad, lo perecedero de ese material elegido para hacer los espléndidos retratos de Juanita, de sus vecinas, de sus muñecas, como también para trabajar el paisaje de la costa y de los galpones del puerto de La Guaira, donde, en una de aquellas elaboraciones, hay un tren que se diluye en una monocromía de ocres, de óxidos, de tierra tostada por el fuego del sol tropical.

Paisaje con Locomotora.

    La obra total de Reverón se caracteriza por una coherencia sólida, y suficientemente  diáfana para hacernos entender que en sus dibujos, en sus pinturas, y en sus objetos, que son una opción estética, existe un orden riguroso, sobrio y magnífico, y que demuestran que el artista fue siempre lúcido y seguro al momento de llevar a cabo su obra de gran valor artístico, de gran valor universal.

sábado, 18 de junio de 2011

ES COMO VOLVER A VISITAR A REVERON

Napoleón Pisani Pardi


    La película Reverón, de Diego Rísquez, nos lleva de nuevo a visitar al artista en su casa-taller de Macuto. Y como dijo Miguel Angel Asturias en 1956 al referirse al documental de Margot Benacerraf sobre el pintor: “Nos hace convivir con Reverón, seguirlo en sus faenas, percibirlo en sus angustias, escucharlo monologar y dialogar, y verlo untar de sol y de paisaje sus ropas y cabellos suaves, y sus pupilas de cristal de roca, hondas, pobladas de sueños que la cámara no logró alcanzar”.
    Qué tantas gracias le podemos dar al realizador de esta película, que a través de la magia del cine nos transportó hacia otra magia: la vida y la obra de un gran creador venezolano, ejemplo de honradez, de talento, de coraje y de genio. Un artista nacional que nada le debe al arte de otros países. El impresionismo de Reverón es venezolano. Las formas, los colores, las luminosidades, la soltura gestual que utiliza durante el proceso de creación de su pintura, son invenciones suyas, como de él es su necesidad de crear una instalación que lo envuelva, lo proteja, y sea, además, un determinante y obsesivo espacio estético, tan ajustado a una forma de existencia muy próxima a la representación teatral.

 
    Y qué tantas gracias le podemos dar a los actores que, tan magistralmente, nos permitieron reencontrarnos con algunos queridos personajes que ellos interpretaron en esta película, donde vi a Eyidio niño, quien fue mi amigo. Eyidio Moscoso, pintor, y quien ya adulto empezó a escribir lo que recordaba del pintor y de su compañera. La Fundación Museo Armando Reverón publicó esos recuerdos bajo el título Reverón, amigo de un niño. Eyidio murió el 13 de mayo de 1996 en su casa del callejón de Macuto, frente al Castillete. Sus vecinos, que a diario visitaba, al notar su ausencia y percibir un fuerte olor, entraron a su casa y lo encontraron muerto. Se había quedado solo. Como sola se había quedado Juanita en el mismo momento del fallecimiento del artista. “Ya no me vienen a visitar los amigos de Armando”, me dijo ella en 1967. “Los amigos de Armando”. ¿Y de ella no eran amigos?. Bien, no haremos ningún comentario al respecto.
    Gio Ponti, el gran arquitecto italiano que visitó varias veces a Venezuela, conoció la obra del pintor en la casa de Armando Planchart como él mismo lo afirmó: “Donde Armando Planchart, protector de Reverón, vi la primera pintura reveroniana; él fue mi compañero en la emocionante visita a la casa de Reverón, que yo he ilustrado en DOMUS Nº 296. El cuadro que vi en la casa de Planchart me impresionó, pero no pregunté de qué escuela venía el pintor, sí quién era ese hombre. Ese pintor se me antoja como una especie de Quijote del pincel, transportado a las regiones alucinantes del Mar Caribe, respirando el vaho cálido que emana de las playas ardientes. El Castillete es un testimonio histórico, patético y dramático del pintor venezolano más grande de esta era”.


    Siete páginas, con excelentes fotografías de Grazziano Gasparini, y un croquis realizado por el mismo Gio Ponti, donde se puede apreciar la distribución de los diferentes espacios que existían en el Castillete, aparecieron en la revista DOMUS Nº 296, del mes de julio de 1954. Y en otro número (394) de DOMUS, al referirse a la casa de la familia Arreaza (hace años demolida) que estaba en el Country Club, Ponti declaró lo siguiente: “Estoy feliz porque La Diamantina tiene luz y sombra, porque su arquitectura es de espacios y no de volúmenes. Estoy feliz porque con ella encontré una vía para expresarme, porque pinté sus puertas, decoré y coloreé los techos, fabrique mi ventana decorativa y mi mobiliario, y colgué un hermoso Reverón, el pintor venezolano que tanto me gusta”.
    El pintor venezolano que tanto nos gusta, diríamos miles, quienes solicitamos la reconstrucción del Castillete y la intervención de su espacio anexo, que está en pie, y que es salvable. Existen tres documentales, el de Roberto Lucca, Edgar Anzola y el de Margot Benacerraf, así como una enorme cantidad de fotografías del Castillete, y además el croquis de Gio Ponti, que indudablemente servirían de guía para la reconstrucción de la casa-taller del pintor.
    Quizás ahora, luego del gran éxito de la exposición de Reverón en Nueva York, y del éxito, también, de esta película de Diego Rísquez, que ha despertado un enorme interés entre el público nacional y el de otros países, el Estado venezolano entienda que la reconstrucción del Castillete es una necesidad cultural. ”El Castillete –como lo dijo Gio Ponti– es un testimonio histórico, patético y dramático del pintor venezolano más grande de esta era”.
    Las gracias más cálidas, más auténticas, más conmovidas, al realizador de la película Reverón, a los actores y actrices, y a todo el equipo técnico, que nos permitieron volver a Reverón y a Juanita, a su mundo extraordinario, a su modo de ver la vida, a su modo de vivirla en conjunción con la naturaleza, con el arte y el amor.

GRACIAS.

miércoles, 27 de abril de 2011

EL DR. HECTOR ARTILES HUERTA Y ARMANDO REVERON

Napoleón Pisani Pardi



    En el instituto San Jorge, que era privado, y dirigido por el Dr. Báez Finol, el Dr. Artiles Huerta estuvo siempre muy cerca de Armando Reverón.

    En una de las tantas veces en que visité al pintor César Cignoni en su casa de Los Chorros, el Dr. Héctor Artiles Huerta, también asiduo visitante a esa casa, me obsequió su libro titulado Casos Clínicos. En una parte del prólogo de esta publicación, el Dr. Ibáñez Petersen dijo lo siguiente: “…estudia la vida de los pintores venezolanos y sus vicisitudes psíquicas; recalca de manera muy especial la historia clínica de Armando Reverón, ese venezolano que demostró su grandeza enmarcada en su penumbra mental. Sus desajustes fueron tratados por el Dr. Báez Finol, pero quien realmente estuvo cerca de Reverón durante sus horas difíciles y en el momento de su muerte fue Héctor Artiles. Mucho se ha escrito sobre ese genio de la pintura venezolana, enfoques críticos de su obra han llenado páginas pero quizás la persona más autorizada para evaluar su patografía es Artiles porque vivió más cerca su tragedia. Este libro descubre aspectos poco conocidos de Reverón”. Caracas, 22 de octubre de 1981.


    Pero en la segunda edición de Casos Clínicos, el Dr. Luis E. Fuentes Guerra, se refiere a este libro en estos términos: “La obra de Artiles atrae y convida, hasta al más profano, cuando se hojean sus páginas y se advierta, con verdadera sorpresa, la polícroma presencia del arte pictórico, expresado en cuadros de famosos pintores vernáculos: Armando Reverón, Humberto González, Bárbaro Rivas, Alberto Brandt, Luis Ordáz, Feliciano Carvallo y Alejandro Colina. Es que estos célebres artistas nuestros concurrieron como enfermos mentales a las salas hospitalarias de Instituciones Psiquiátricas donde Artiles prestaba sus servicios profesionales, especialmente en el Sanatorio San Jorge y en el Hospital Psiquiátrico de la ciudad de Caracas”. 10 de agosto de 1987. 

Bárbaro Rivas.
Autorretrato.

Feliciano Carvallo.
Sin título.














     El Dr. Artiles ingresó al Instituto San Jorge, como médico residente, en septiembre de 1947, y en 1948 ingresó al Hospital Psiquiátrico de Caracas, como adjunto. En el Instituto San Jorge, que era privado, y dirigido por el Dr. Báez Finol, el Dr. Artiles Huerta estuvo siempre muy cerca de Armando Reverón. En la casa de César Cignoni, con mucha frecuencia nos hablaba de su trato con el artista. En aquellas conversaciones, el psiquiatra nos demostraba su conocimiento acerca del arte, y eso le permitió valorar con certeza la obra de Reverón, lo que le permitió, asimismo, obtener las mayores y mejores herramientas para acercarse, como psicoterapeuta, a la personalidad clínica de Armando Reverón.
    “Reverón como hombre fue un genio, como paciente fue genial”. Nos dijo el Dr. Artiles. “Sus últimos cuadros los pintó en el Sanatorio, que estaba en la Avenida España de Catia. El pintaba cuando estaba en los momentos de mejoría”. Esto mismo lo aseguró muchas veces su médico tratante, el Dr. Báez Finol: “Reverón siempre pintó en sus monumentos de lucidez. Lo que se diga al margen, puede considerarse como una falta de conocimiento de su personalidad”: Algo parecido nos dijo en 1963 el Dr. Moisés Felmand, quien también se había interesado por estudiar la enfermedad mental del artista.

Miguel Otero Silva.

    El escritor Miguel Otero Silva, gran amigo y gran admirador de la obra del pintor, declaró en una ocasión lo siguiente: “Yo no niego los quebrantos se salud mental que le diagnosticaron los psiquiatras, pero cada vez que yo hablaba con él, su conversación era por demás lúcida y vibrante. Frente a los turistas, frente a quienes iban por simple curiosidad, Reverón utilizaba la teatralidad, exagerando todos sus movimientos y vocabularios. Esto no era más que un mecanismo de defensa de sus soledades, de no dejar invadirse, de no permitir preguntas impropias sobre su trabajo”.
    Los últimos cuadros de Reverón fueron realizados en el Sanatorio San Jorge, en Catia. Una de estas obras: El Patio del Sanatorio, se encuentra en la Galería de Arte Nacional, otras más, deben pertenecer a la hija del Dr. Báez Finol, la Dra. María José Báez Loreto. Según el psiquiatra Artiles Huerta, “días antes de morir, el artista había visitado el Museo de Bellas Artes, y luego el Nuevo Circo de Caracas, en compañía de su médico tratante, pues tenía en mente realizar una obra cuyo tema era una corrida de toros”. Reverón era amante de la fiesta brava. Allá en Macuto, en el Castillete, el pintor guardaba los cuernos de un toro, y había fabricado una montera y unas banderillas de utilería, para en algunas ocasiones ser usadas en aquellas famosas representaciones teatrales organizadas por el artista. Y cuando los integrantes del Círculo de Bellas Artes, a comienzo del siglo pasado, llevaron a cabo una novillada en el Circo Metropolitano con la finalidad de recaudar fondos en beneficio de esa agrupación artística, él único que se le arrimó al toro y dio unos buenos pases con el capote, fue Armando Reverón…


    Aquel cuadro que el artista pensaba realizar en el Nuevo Circo, no se pudo hacer, pues un día sábado del 18 de septiembre de 1954, y a las dos de la tarde, el pintor falleció a consecuencia de una hemorragia cerebral. Al día siguiente el féretro fue trasladado al Museo de Bellas Artes, donde el escultor Santiago Poletto le hizo una mascarilla a Reverón, quien un día antes, y de inmediato, hizo su entrada a la inmortalidad.

sábado, 16 de abril de 2011

ALGO MAS SOBRE ARMANDO REVERON

Napoleón Pisani Pardi

Reverón con dos de sus muñecas.

    Es realmente difícil, muy difícil, dejar de hablar de Armando Reverón, ese extraordinario personaje del arte nacional, que creó un mundo en su casa–taller a la medida de sus necesidades interiores, allá en Macuto, frente al mar, cuando él inició la construcción de su castillete “con una gran fiesta, un día domingo, donde algunos invitados: los amigos, relacionados y vecinos, el constructor Mr. Keller y sus obreros, empezaron a cavar hoyos para meter las columnas de araguaney y de vera, y fijarlas con cemento y piedras. A las 3, un descanso para almorzar con el siguiente menú: Sancocho de pescado, hallaquitas, caraotas, carne frita, guasacaca indígena, plátano frito, pescado frito, arroz blanco, tortilla, papas rellenas, pan isleño, helados, brandy, vinos, ron, ponche crema, aguardiente de caña, café y chocolates. Y en la noche fuegos artificiales y música, terminando con un paseo de luna”. Esto es una parte de la descripción que el propio Reverón hizo del levantamiento del castillete, y que fue publicado por Alfredo Boulton en su libro titulado Armando Reverón. Esto de finalizar el primer día de trabajo con fuegos artificiales y un paseo de luna, sólo se le puede ocurrir a un verdadero artista, o a un gran poeta, o a un maravilloso y espectacular ilusionista fuera de serie. Buen comienzo en la construcción de una arquitectura que tanta importancia tuvo para el arte nacional.
    Este determinante y obsesivo espacio estético, tan ajustado a una forma de existencia muy próxima a la representación teatral, ya no existe, fue destruido por la furia de las aguas a finales del siglo pasado. Hoy ese lugar sólo da tristeza y vergüenza, y reclama la atención de todas las instituciones culturales del Estado.

Lo poco que quedó del
Castillete.

El anexo del Castillete, el
cual puede ser recuperado.











     Somos muchos los que solicitamos la reconstrucción del castillete y la intervención de su espacio anexo, que está en pie, y que es salvable. Y si eso se logra, no quedaría más remedio que producir una magnífica fulguración de fuegos artificiales que luego terminaría con un poético y delicioso paseo lunar…

Autorretrato en piedra de Reverón

    Cuando en el año de 1943 muere Dolores Travieso, la madre de Reverón, él, con la ayuda de otras personas, transportó una enorme piedra desde la playa que está frente al Cementerio de La Guaira, y fue colocada en la tumba de su madre. Y luego, bajo el sol inclemente, comenzó a esculpir su autorretrato y la siguiente inscripción: Dolores T. Reverón. Recuerdo de sus hijos Armando y Juanita. Enero 2 – 1943. Alrededor de la tumba el artista colocó, también, bancos de piedra. Hace más de cuarenta años que no vamos a ese lugar. No sabemos si el deslave arrastró con todos esos elementos de piedra. No lo sabemos. Pero aquella acción del pintor–escultor, nos habla de su originalidad, cualidad constante y sobresaliente de su personalidad.

Piedra colocada por Reverón en la
tumba de su madre, Dolores Travieso.

    Las piedras, con su simbolismo ancestral, fueron de mucha importancia en gran parte de la vida del artista, como también para el psicólogo suizo Carl Gustav Jung, que en el jardín de su casa construyó un magnífico torreón. “Tuve que reproducir en la piedra mis ideas más íntimas”. Y el artista popular y arquitecto por la gracia de Dios, Juan Félix Sánchez, guiado por las potencias mágicas de estas materias, edificó, allá en Mérida, sus capillas de piedras. Como otro tanto hizo Gaudí en Barcelona, España, en el Parque Güel y otras arquitecturas más.

Reverón le pertenece al pueblo

    El pintor Eyidio Moscoso, que vivía al frente de la casa de Reverón, desde niño lo conoció y admiró y se acercó a él y a Juanita, y años después, ya adulto, empezó a escribir lo que recordaba de Reverón y de su compañera. La Fundación Museo Armando Reverón publicó esos recuerdos bajo el título de Reverón, Amigo de un Niño. De allí tomo este pequeño texto: “El conocer la obra y la existencia de Armando Reverón, levantaría en sumo grado el gentilicio de muchos venezolanos. Puesto que se sentirían emparentados con un personaje inmortal de su misma estirpe y altura social”. Este libro de Eyidio Moscoso fue publicado luego de su muerte, ocurrida el 13 de mayo de 1996, en su casa frente al castillete.
    Desde el primer momento en que Reverón y Juanita se instalan en Macuto, surgió una relación afectuosa con la comunidad. Fue decisiva la participación del vecindario en muchas de las actividades que se realizaban en la casa del artista. Albañiles, maestros de obra, costureras y modelos para sus dibujos y pinturas, estaban siempre dispuestos a colaborar con Reverón y a presenciar sus representaciones teatrales en aquel ambiente tan propicio para tales actos. El, a través de ese comportamiento particular y repetitivo, logró llevar a cabo una obra extraordinaria y única en las artes plásticas del país. El pintor encontró en aquel lugar las condiciones necesarias para realizar una obra de acorde a sus necesidades interiores.

El poeta Vicente Gerbasi

    Dentro de aquella instalación artística, Reverón recibía las visitas de sus verdaderos amigos, como Armando Planchart, Manuel Cabré, Victoriano de Los Ríos, Alfredo Boulton, Juan Liscano, Miguel Otero Silva, Margot Benacerraf, Edgar Anzola, Roberto Lucca, Mary Pérez Matos, Julián Padrón, Vicente Gerbasi, Bernardo Monsanto, Luisa Phelps, Alirio Oramas, y otros más. Pero, asimismo, fue visitado por algunos turistas extranjeros, y personas que vivían en Caracas y en otros lugares del país, que lo iban a ver por simple curiosidad, o para llevarse como “souvenir”, y a precio de ganga, una obrita del pintor, pero también nunca dejaron de ir al castillete quienes iban a divertirse con “las rarezas del loco Reverón”, pues tomaban al artista como si fuera un personaje de circo.

Tres amigos de Reverón

    Marcos Cadi, el artista popular que vivía en El Cojo, cerca de Las Quince Letras, el que hacía figuras de santos inventados, el viejo con cara de profeta, el larguirucho personaje que hablaba en parábolas, amigo de Armando Reverón, nos dijo en una oportunidad que el pintor le había confesado que Juanita era una santa, una santa que había encontrado para ayudarlo a realizar su obra, y que él, después de muchos años de vivir con ella, había comprendido la razón de aquella unión.
    “Pinto porque esa es mi vida y no puedo evitarlo”, le dijo Reverón al escritor Jean Nouel en el Centro Venezolano Americano en 1951, cuando allí se realizó una exposición de 55 obras del artista, que fue organizada en su homenaje por Elisa Elvira Zuloaga. “Yo no vendo nada”, agregó el pintor, y luego le comenzó a decir varias cosas acerca del mar, de las vegetaciones de la costa, de sus habitantes, y de cómo se prepara el carite en escabeche, y el sancocho de pescado, con plátano verde, yuca, ocumo y apio, y cuál era el mejor casabe… Así era Reverón, quien también era capaz de analizar plásticamente las obras de los artistas de vanguardia, como lo afirmó Juan Liscano:
“Me consta que entendía a cabalidad las expresiones plásticas más avanzadas de su tiempo, como pude comprobarlo en reiteradas conversaciones con él en un estudio que yo tenía, de “Piedra a Venado”, donde él solía pasar la noche cuando se quedaba en Caracas. Recuerdo una noche en que me estuvo explicando, desde un punto de vista plástico y psicológico, cuadros de Miró, Paul Klee y Tanguy. Quien lo hubiera oído hablar en aquella oportunidad, lo hubiera tomado por un pintor de esas búsquedas”. Así también era Reverón.